«Aquí no volverán a haber elecciones»
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, anunció el domingo en Managua el fin de la alternancia democrática al anunciar explícitamente que su régimen no permitirá más procesos electorales que pongan en riesgo el control del oficialismo.
Durante un acto por el 47 aniversario de la revolución sandinista, el mandatario de 80 años cerró la puerta a cualquier mecanismo de cambio político a través de las urnas, de cara a los comicios que teóricamente deberían celebrarse en 2027.
«Pero que se olviden. Aquí no volverán a haber elecciones para que por ahí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder», enfatizó el líder sandinista en el evento al referirse a las aspiraciones de los grupos opositores en el exilio
La estrategia del Ejecutivo para materializar este cierre de la vía electoral se centrará en la creación de nuevas normativas legales. Ortega adelantó que trabajará junto a la Asamblea Nacional, órgano que se encuentra subordinado a la Presidencia, para establecer impedimentos jurídicos que bloqueen la participación de sectores críticos.
El objetivo es construir un blindaje legal contra quienes el mandatario califica como «golpistas» o «vendepatrias», asegurando que ningún financiamiento externo permitirá a la oposición competir por el mando del país.
El régimen de Ortega ha dejado de reconocer a los demás órganos estatales como poderes independientes, asumiendo la coordinación total de los mismos y legalizando medidas extremas como la apatridia para sus adversarios.
Este pronunciamiento ocurre tras una profunda reforma a la Constitución Política implementada en febrero de 2025. Dichas enmiendas transformaron la estructura del Estado nicaragüense al eliminar el balance de poderes, ampliar el periodo presidencial de cinco a seis años y elevar a Rosario Murillo, la esposa de Ortega, al cargo de ‘copresidenta’.
Bajo este nuevo marco, el Ejecutivo ha dejado de reconocer a los demás órganos estatales como poderes independientes, asumiendo la coordinación total de los mismos y legalizando medidas extremas como la apatridia para sus adversarios.
Hacia un modelo de partido único
Diversos analistas y figuras de la oposición han reaccionado a este anuncio señalando que el régimen busca formalizar un sistema similar al de Cuba, China o Corea del Norte.
Para el dirigente opositor desterrado Juan Sebastián Chamorro, las declaraciones de Ortega representan la caída de la última fachada de su gobierno, revelando una intención de instaurar un sistema de «centralismo» donde las decisiones y designaciones se realicen de forma interna dentro del partido hegemónico, sin someterse a la voluntad popular
«Ortega se ha quitado una máscara más, la que no quiere bajo ninguna circunstancia que vuelvan a elecciones en Nicaragua«, declaró el líder opositor en un audio enviado a los medios de comunicación desde el exilio.


